Desde la asunción de Javier Milei como presidente de la Nación, el 10 de diciembre
de 2023, se observa un incremento notable de prácticas represivas, que ponen en evidencia
un abordaje violento y punitivo de los conflictos sociales. Sin embargo, esto no resulta una
novedad si se lo compara con experiencias previas en distintas jurisdicciones del país.
Teniendo en cuenta el carácter federal del sistema de gobierno argentino, la provincia de
Jujuy, evidencia un antecedente paradigmático de este tipo de políticas.
A partir de la categoría política “laboratorio represivo”, puede evidenciarse como
muchas prácticas que hoy se materializan en el plano nacional tuvieron previamente un
terreno de experimentación en el ámbito local. En este sentido, Eli Gómez Alcorta y Valeria
Vegh Weis (2025) en el libro titulado “Jujuy, el laboratorio de la represión”, reconstruyen a
partir de una sistematización de prácticas políticas, judiciales y mediáticas, el entramado de
poder que se consolidó en la provincia a partir de la asunción como gobernador de Gerardo
Morales en diciembre de 2015. Su análisis pone de relieve como ese entramado, orientado a
la persecución y silenciamiento de voces disidentes, logra cristalizarse en lo que categorizan
como “punitivismo neutralizador”, un mecanismo que, basándose en la sobre
criminalización del ejercicio de derechos como la protesta social (Vegh Weis, 2024), logra
“neutralizar” los conflictos políticos locales, desestructurando las organizaciones sociales y
disciplinando la acción colectiva.
Retomando el concepto de Estado desarrollado por Bourdieu (2012), lo
consideraremos no sólo como el monopolio de la violencia física, sino también de la violencia
simbólica legítima, es decir, reconociendo su capacidad de producir e imponer
representaciones legítimas del mundo social. De esta manera, será central analizar como los
discursos de los agentes del Estado, especialmente de aquellos que encabezan los gobiernos,
no son simples opiniones individuales, producen propósitos de Estado, orientando la forma
en que se abordan los conflictos sociales y, al mismo tiempo, el modo en que los Estados se
relacionan con sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos.
La violencia del Estado es considerada circunscribiéndola a un escenario concreto, el
de las protestas sociales, reconociendo que se trata de un fenómeno que responde a múltiples
interacciones y a tramas complejas de relaciones (Perelman, 2015). Para analizarla no nos
limitaremos a los hechos represivos o las intervenciones de las fuerzas de seguridad que
causan algún tipo de daño a los manifestantes, sino que también se considerará la violencia
de otros agentes estatales, que, mediante sus decisiones, prácticas y discursos, habilitan,
ordenan o legitiman el despliegue represivo. En este sentido, se analizarán como casos
paradigmáticos las acciones y discursos del ex gobernador de la provincia de Jujuy, Gerardo
Morales, y del actual presidente de la Nación, Javier Milei, teniendo en cuenta que la violencia
estatal también se constituye de los discursos que la justifican y la condenan (Perelman, 2015),
como los de organismos locales e internacionales de protección de derechos humanos.
Desde una perspectiva analítica anclada en la crítica sociojurídica, este trabajo
reflexiona sobre los discursos y prácticas de los gobiernos, vinculados al abordaje estatal de
la protesta social. Se los analiza a partir de categorías de la criminología crítica, utilizando
herramientas teóricas y metodológicas tanto de la antropología como de la sociología jurídica.
Asimismo, se reflexiona sobre algunos documentos estatales, que nos permiten comprender
las lógicas de funcionamiento institucional y visibilizar las relaciones sociales y de poder que
los atraviesan y constituyen (Muzzopappa y Villalta, 2011).
En primer lugar, se analizará el abordaje del derecho a la protesta social en la
provincia de Jujuy, durante el gobierno de Gerardo Morales, particularmente durante el
proceso de reforma de la Constitución provincial en el año 2023, vinculándolo a la categoría
“convencionalismo autoritario”. En segundo lugar, se caracterizará el tratamiento estatal del
derecho a la protesta social en el ámbito nacional a partir de la gestión encabezado por Javier
Milei con el objetivo de conceptualizar el autoritarismo performativo. Estos dos ejes de
análisis permitirán caracterizar como ambos modelos funcionan como un espejo en el que